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Hiroshima y Nagasaki: el Holocausto Nuclear impune del Complejo Industrial Militar de los EEUU y sus oscuros planificadores globales

El 6 de agosto de 1945, el cielo de Hiroshima se transformó en un infierno que segó para siempre la vida de más de 160.000 personas. Miles de familias de la sociedad civil japonesa fueron consumidas por el calor abrasador de hasta de 3000 grados centígrados y los efectos de la radiación. Toda forma de vida fue eliminada en el acto varios kilómetros a la redonda. Tres días después, Washington lanzó una segunda bomba atómica sobre Nagasaki exterminando a otras 80.000 personas. Este holocausto nuclear, un crimen de guerra nunca juzgado, ocurrió cuando ya Japón venía reclamando se le aceptara su rendición. Ningún motivo bélico lo justificaba. Para tergiversar la historia, el Complejo Industrial Militar de EEUU contaría en las próximas décadas con los servicios de la industria del cine de Hollywood.

El máximo responsable político fue el presidente número 33 de los EEUU (12 de abril de 1945 – 20 de enero de 1953), Harry Truman, un ferviente globalista que participó de la fundación de las Naciones Unidas (24 octubre de 1945), creó bajo su administración la CIA (1947), apoyó la creación del funesto Estado de Israel (1948), promovió la fundación de la OTAN (1949) y creó la NSA (National Security Agency, 1952). Masón del grado 33, Gran Maestre de la Gran Logia Masónica de Missouri, su particular elección de Nagasaki, la principal ciudad del catolicismo japonés, no pasaría desapercibida para muchos.

Más de 450.000 personas muertas fue el saldo de ambos ataques y como consecuencia de las enfermedades que causó la radiación.

El entonces presidente Harry S. Truman estaba exultante: “Es el hecho más importante de la historia”, aseguró.

El comandante en jefe de las tropas de EE UU, Douglas Mac Arthur, dejó acentado que, en el momento de los bombardeos, Japón estaba “derrotado militarmente y su economía estaba hecha trizas”, por lo que “todo hubiera sido cuestión de esperar unos días”: los documentos prueban que Japón había ofrecido la rendición incondicional y se la habían rechazado.

Afirma el Doctor Embid Fonfría:

En los archivos nacionales en Washington se encuentran documentos, del gobierno de Estados Unidos, que contienen pruebas de la intención japonesa de acordar la paz desde una fecha tan temprana como 1943. Un cable del 5 de mayo de 1945, enviado a Berlín por el embajador alemán en Tokio, decía que oficiales de la marina japonesa reconocían que la situación era claramente desesperada y que las fuerzas armadas japonesas aceptarían la capitulación incluso si los términos fueran duros. El cable fue interceptado y descifrado por los Estados Unidos. Ese mes, el secretario de la guerra L. Stimson rechazó tres recomendaciones de alto nivel dentro de la administración para activar negociaciones de paz. Las ofertas proponían informar a Japón que los Estados Unidos estaban dispuestos a considerar el mantenimiento del sistema imperial, (como de hecho así se terminó haciendo) y no insistir sobre la rendición incondicional. Alemania había sido derrotada meses antes por el ejército soviético. La rendición definitiva del país germano se produjo el 9 de mayo 1945.

En 1936, la corporación Monsanto había adquirido Thomas & Hochwalt Laboratories en Ohio, convirtiéndolo en su departamento de Investigación. Entre 1943 y 1945 Monsanto junto al Comité de Investigación de Defensa Nacional de EE.UU. se dedicó a la purificación y producción de plutonio y a refinar las sustancias químicas que se usan como detonantes de armas nucleares. El Doctor en Historia, Mariano Rodríguez Otero aporta otro detalle escalofriante:

La primera bomba –Little Boy– era de uranio, mientras que la segunda –Fat Man– contenía plutonio. Había que comprobar los resultados de dos mecanismos diferentes. Con el agravante de que la de uranio no había mostrado resultados ciertos en las pruebas parciales en el desierto de Nuevo México. Los investigadores desconfiaban de esa primera bomba y deseaban comparar los efectos y procesos con la segunda. Equivale a decir que convirtieron las dos ciudades japonesas en un laboratorio humano.

Rossen Vassilev, Investigador del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Ohio afirma:

Una razón todavía más importante para utilizar la bomba era asustar a Stalin, antes “el viejo tío Joe” para Roosevelt, convertido en “la Amenaza Roja” por Truman y sus principales asesores. Se había abandonado rápidamente la política de cooperación con Moscú para sustituirla por una nueva política de confrontación hostil con Stalin en la que el monopolio estadounidense del armamento nuclear se iba a explotar como arma agresiva de la diplomacia antisoviética de Washington (lo que Truman denominó “diplomacia atómica”).

Explica Suvrat Raju:

En mayo de 1945, un comité integrado por oficiales militares, físicos y matemáticos, incluyendo figuras destacadas como Robert Oppenheimer, John von Neumann y Norman Ramsey, se reunió para hablar sobre los posibles blancos en Japón para la bomba. Los registros del comité revelan las motivaciones y actitudes de estos influyentes consejeros. Recomendaron que “el uso inicial sea lo suficientemente espectacular para que se reconozca internacionalmente la importancia del arma cuando se le dé publicidad a la misma” y calificaron a Kioto como un “blanco AA” porque tenía “la ventaja de que las personas eran más inteligentes y que, por lo tanto, estaban en mejores condiciones de entender la importancia del arma”. Finalmente la administración Truman decidió prescindir de Kioto y, en su lugar, se decidió por Hiroshima. La “ventaja” de esa ciudad, también calificada como “AA”, fue que “posiblemente centrarse en las montañas cercanas” podría tener como consecuencia “la destrucción de una fracción más grande de la ciudad”.

La hipocresía de los altos cargos del gobierno norteamericano fue absoluta: En junio de 1946, el principal asesor del entonces presidente Harry S. Truman, el influyente financista Bernard Baruch (un monje negro asemejable a un Henry Kissinger), ex asesor especial del director de la Oficina de Movilización de Guerra, pronunció el siguiente discurso ante las Naciones Unidas: «Hemos de elegir entre paz o destrucción mundial», mostrándose ante el mundo como un ejemplo del pacifismo. Baruch terminó siendo designado representante de Estados Unidos ante la Comisión de Energía Atómica de la ONU (UNAEC). El plan de Baruch consistía en la entrega de las armas nucleares por parte de todos los países a las Naciones Unidas, lo que habría convertido a esta entidad supranacional en un Estado Global o un Gobierno Mundial.

El holocausto nuclear engendrado por la perfidia del Complejo Industrial Militar de los EEUU y sus planificadores globales ha quedado impune. Los “buenos” de la historia no son otra cosa que los que se han encargado de escribirla.

https://kontrainfo.com/hiroshima-y-nagasaki-el-holocausto-nuclear-impune-del-complejo-industrial-militar-de-los-eeuu-y-sus-oscuros-planificadores-globales/


 

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