Tres hombres recuperados de la adición a las drogas, cuentan su historia - .

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domingo, 16 de septiembre de 2018

Tres hombres recuperados de la adición a las drogas, cuentan su historia


“Trabajaba, pedía, robaba, “plagociaba” para comprarme drogas”

SANTO DOMINGO. “Una madrugada desde mi ventana, vi a una persona comiendo de la basura en la acera, debajo de un toldo, cubriéndose de la lluvia con un cartón, mientras el agua caía, miraba algo parecido a un celular con antenas, en el que veía un juego de béisbol. A mí se me salieron las lágrimas en el momento que le pedía a Dios ser ese hombre, porque él se veía muy tranquilo, se notaba en paz, mientras yo me alistaba, para salir a la calle a buscar drogas”, Rafael un exadicto a las drogas, cuenta su historia.

Entrevistado por Diario Libre, Rafael comparte su historia de vida, con el fin de ser un ejemplo viviente, para la sociedad de la que una vez se sintió excluido.
“Me llamaba mucho la atención el “tigueraje” los de la calle, los que matan, los que venden drogas”, confesó con su mirada hacia arriba, como queriendo aguantar las lágrimas al recordar su deseo equívoco.

“Yo era muy buen estudiante cuando era niño, pero desde entonces había un vacío dentro de mí, no me sentía cómodo con la vida”, inició así el origen de su adicción a las drogas.

Sus padres eran personas honestas y su papá un hombre que trabajaba para cubrir las necesidades familiares y siempre se mostró interesado en los estudios de sus hijos.

Cuando era pequeño empezó a trabajar, su primera ocupación fue mecánico de motor, los muchachos del barrio al notar su complacencia lo utilizaban, para armar pleitos en los barrios. Entonces, en ese momento con unos 14 años empezó a usar a lo que él llama drogas legales refiriéndose al alcohol, de la mano de estos mismos muchachos que los buscaban para realizar fechorías.

En el mismo grupo de amigos conoció las drogas narcóticas, uno de esos nuevos amigos fue quien le ofreció cocaína por primera vez.

“Empecé con cocaína, porque quería pertenecer al club”, es la razón que Rafael tenía en ese momento para ceder, quería pertenecer a algo.

La primera vez que consumió drogas no le impresionó, pero intentó una segunda vez, por estar con los amigos, luego se hizo costumbre.

Indica que no tuvo familiares ni orientación que lo ayudara en ese momento a decirle no a ese estilo de vida.

“Trabajaba, robaba, pedía, “plagociaba”, le quitaba la droga a los vendedores y como quiera no me alcanzaba. No hay una cantidad de dinero que supla el consumo de las drogas y aun así no podía parar”, con lágrimas en sus ojos confesó.

Recordó una madrugada en la que llovió tanto, que la calle donde está su casa se inundó de agua, no lograba reconciliar el sueño, le faltaba algo, decidió levantarse, caminó hasta la cocina, tomó un cuchillo de mesa, se remango sus pantalones largos hasta las rodillas, y salió con los tenis en las manos, camino por los charcos hasta llegar a un punto de drogas, para despojarle las sustancias prohibidas a un vendedor con la intención de hacer lo que fuera necesario para conseguir las drogas.

Y por ese tipo de sucesos y otros fue apresado en distintas ocasiones y por diferentes delitos.

Se sentía loco y muerto espiritualmente, su dolor más intenso.
Narcóticos Anónimos

El 7 de julio del 2010 salió a hacer un trabajo que consiguió a través de su mejor amigo, su compañero para el trabajo lo invitó a una reunión de Narcóticos Anónimos, una confraternidad internacional, multilingüe y multicultural sin fines de lucro, tiene como propósito principal que sus participantes, mediante la práctica del programa de 12 pasos, se mantengan sin consumir ningún tipo de drogas (mantenerse limpios) y llevar el mensaje al adicto que todavía sufre.

Ese día le dijo que no al compañero y se quedó sentado dentro del vehículo que los transportaba a ambos, al rato vio que en el lugar había personas que él conocía que consumían y decidió acercarse, le dieron la bienvenida con un abrazo, le ofrecieron café y al final de la reunión de la que no recuerda nada, le entregaron una lista que contenía los nombres de todos lo que participaban en las reuniones y los lugares y horas de esos encuentros.

Ese mismo día al cobrar el dinero del trabajo que hizo, se dirigió a un restaurante de pollo frito, del cual siempre quería comer, pero del que él mismo no se daba la oportunidad. Comió y luego fue a dormir.

En la noche despertó, tenía necesidad de consumir, salió a la calle, subió a un carro público dispuesto a buscar lo que necesitaba, cuando entró una mano a su bolsillo para pagar el pasaje, sacó la lista, la abrió y vio que había una reunión pautada para las 7: 30 de la noche, preguntó la hora y faltaba unos 30 minutos, en ese momento decidió ir a Narcóticos Anónimos.

Llegó y alguien le dijo, gracias por venir, se sentó, escuchó y volvió y continuó regresando hasta el día de hoy.

A lo que cuenta que ese día cambió su vida.

“Hoy tengo ocho años, dos meses y cinco días, sobrio sin consumir. Nunca estoy solo. Tengo una gran familia disponible 24 horas al día, ellos me salvaron”, aclamó.

Se le preguntó que podría decirle a las familias y personas que viven la problemática del consumo de drogas.

A lo que contestó con ojos llorosos, que deben buscar ayuda, hay una vida maravillosa sin consumir drogas. Hay dos cosas muy distantes una de la otra y es la felicidad y el consumo para alcanzarla.

“Después de pasar la mayor parte de mi vida consumiendo, ahora solo puedo dedicarme a esperar que otros lleguen a la puerta, para ofrecerle un abrazo, un café y contarle que puede tener un nuevo estilo de vida”, Culminó Rafael.
“Es mejor no acercarse a las drogas, mejor no inventar”

“Las drogas les afecta de diferentes maneras negativas a cada quien que la pueda consumir, es mejor no acercarse a eso, porque no sabemos cómo afectará”, aconsejó José al ser también entrevistado por Diario Libre.

Contó que proviene de un hogar destruido, sin papá y una madre ausente por el trabajo, pues era el sostén de la familia. Además, creció en un lugar donde predominaban, prostitutas, adictos, y ladrones.

José empezó consumiendo marihuana como a los 14 años, pasó un largo tiempo, luego sintió que le causaba mucha angustia y decidió dejar eso, para pasar a la cocaína.

“Pasé a otra, a la cocaína, además me permitía tomar alcohol y eso era legal”, confesó José

¿Cómo sostuvo económicamente 22 años de consumo?

“Me sostenía robando en la familia, al principio trabajaba” contestó con lágrimas en sus ojos.

Una vez que su conducta no lo dejaba trabajar, se dedicó a robarle a su familia, para sostener la adición.

Cuando tenía unos 17 años, se le ocurrió hacer una mezcla de drogas, en busca de algo más potente.

Perdió el conocimiento en plena calle, los vecinos lo ignoraron por etiquetarlo como adicto, para su suerte llegó su madre en ese momento y en el hospital le salvaron la vida.

A partir de ahí en vez de intimidarse, se hizo más precavido con las dosis, lo que lo llevo a décadas bajo el consumo de las drogas.

Hasta el año 2011, cuando ya no tenía fuerzas para seguir, decidió por sí solo, buscar ayuda y se dirigió a Casa Abierta, donde le dijeron que es un problema que debe lidiar cada día de su vida, pero que le dará la verdadera vida.

Ya hace 6 años y 6 meses que se encuentra totalmente limpió y arrepentido del tiempo perdido, pero positivo y alegre de que llegó a tiempo a recuperar su vida.
“La Marihuana medicinal es una trampa”

“La gente minimiza la marihuana, por ser de hojas secas oh medicinal, pero es una trampa. Es mejor que no inventen con eso, porque te vas a cansar y buscarás otras más fuertes”, Así advirtió Henry al ser entrevistado por Diario Libre.

Henry inició a consumir marihuana a los 13 años, pero antes de eso ya tomaba alcohol y fumaba cigarrillos.

La primera vez que probó fue de mano de una pareja de una amiga de su madre, en una ocasión que viajó con ellos a San Pedro de Macorís. En el camino al vehículo en que viajaban se le averió un neumático, se detuvieron a cambiarla y el señor invitó a Henry al bosque, encendió un cigarro de marihuana, lo fumó y le preguntó al joven de 13 años que si quería a lo que éste le respondió tomando el cigarro.
“La primera vez que consumí droga fue como si hubiera tenido 10 orgasmos juntos”, citó Henry al ser preguntado cómo se sintió la primera vez.

Henry se sintió de “maravilla” al punto de buscar esa droga para seguir sintiendo esas sensaciones que tuvo.

Confesó que después de ese “maravilloso momento” se pasó la vida buscando esa misma sensación, que no encontró jamás.

Con el paso del tiempo se cansó de la marihuana, empezó a tener la necesidad de sustancias cada vez más fuertes, hasta que terminó consumiendo Crack, lo que para él fue la peor droga que pudo existir en ese tiempo.

Explicó que consumía una piedra y los 10 segundos le surgía una necesidad incontrolable de tomar otra, otra y otra más.

Hasta llegar al punto de consumir lo que apareciera primero, hasta poder lograr conseguir el Crack.

Se sentía fuera de control, loco, agotado y pasaron 21 años.

Llegó el día 30 de abril del 2004, cuando asistió a la primera reunión de Narcóticos Anónimos. Lo recibieron con un abrazo, una taza de café, lo acogieron y lo invitaron a tener una nueva vida, una vida digna, de paz y de servicio a la sociedad, y ser la familia de los que sufren por adicción.

Henry atribuye su pasada adicción a las drogas a baja autoestima, al poco amor y respeto hacia mismo que se tenía.

Narcóticos Anónimos

Tienen una línea de ayuda 24 horas, tienen alrededor de 70 reuniones semanales, tanto en Santo Domingo, Santiago, San Cristóbal, San Pedro, San Francisco y trabajan por más.

No aceptan contribuciones ni donaciones, al menos que sea un lugar para reuniones o alquilar lugares.

“Nosotros ya no somos una carga para la sociedad, ahora queremos devolver a la sociedad. Narcóticos me devolvió la oportunidad de trabajar, estudiar tener amigos, familia, vivir en paz. Ofrecemos una nueva forma de vivir dignamente”, dijo Henry, sobre Narcóticos Anónimos.

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