¿Por qué Vladimir Putin perturba tanto a las élites dirigentes de la degenerada Europa? - .

La Actualidad

.

Click y Dona. USD$ 1.00

jueves, 10 de mayo de 2018

¿Por qué Vladimir Putin perturba tanto a las élites dirigentes de la degenerada Europa?



GF.- El presidente de Rusia Vladimir Putin, catalogado como hombre de derecha, incluso de extrema derecha, perturba los esquemas de la intelligentsia y las élites dirigentes de Occidente.
Las críticas contra el gobierno de Vladimir Putin son conocidas: bajo su mandato Rusia ha dejado de ser una democracia y se ha vuelto amenazante. Putin sería una especie de Nerón, o mejor, un nuevo Iván el Terrible. Practica el culto de la personalidad, nos dicen, (con la clara intención de provocar una asociación de ideas con Stalin), gobierna el inmenso país gracias a sus redes, tanto financieras, industriales y policiales (la teoría de la “vertical del poder” y la red de los siloviki).

Según esta versión, Putin estaría corrompido y su poder autoritario oprimiría a los buenos opositores demócratas, echados a la cárcel por una justicia bajo control, la democracia rusa estaría trucada, al igual las elecciones, los homosexuales perseguidos, los medios de comunicación amordazados, Ucrania sometida a un horrible chantaje imperialista y el tirano de Damasco mimado por el Kremlin, el Mundial de fútbol sería un himno indecente a mayor gloria de Putin y su régimen… En definitiva, Putin se ha convertido en el diablo para todos los medios dirigentes occidentales y el síndrome antiPutin es compartido por la clase periodistica y todos los loros de la ideología dominante. Para los que conocemos Rusia, estas acusaciones tienen un carácter surrealista. Hay mayor libertad de expresión en Rusia que en Europa occidental. La censura solapada e hipócrita o brutal de lo “políticamente correcto” no existe en Rusia, y en cambio lo “putinamente incorrecto” puede expresarse sin problemas.
Los bienpensantes, herederos en un 80% de una ideología de izquierda, deberían mirar la viga en el ojo propio antes que la paja en el del vecino. Estos herederos de la Escuela de Frankfurt que controlan la política europea son los que ha apoyado las peores dictaduras totalitarias criminales, desde el comunismo soviético al régimen maoísta, pasando por los Khmers Rojos y la Cuba castrista. Hoy maldicen el régimen “antidemocrático” de la Rusia de Putin. Carecen de respaldo moral para dar lecciones a nadie. ¿Es democrática España cuando el PNV (punta de lanza del separatismo vasco), que representa el 2,31% de los votos, marca la agenda del Gobierno e impone, como un lobby minoritario, cupos y medidas a favor de ETA que son rechazadas por la mayoría de la opinión pública? La Alemania de Merkel, ¿es democrática cuando instaura una política judicial laxista, fuente de la explosión de la criminalidad, cuando abre todas las compuertas de la inmigración descontrolada, cuando naturaliza y regulariza a manta, cuando elabora baterías de disposiciones destructoras de la identidad nacional, cuando avala el reino de las corporaciones sindicales minoritarias generosamente subvencionadas, cuando obedece a los lobbies comunitaristas?

Y cuando hablamos del amordazamiento, de la censura y del control de los medios rusos por el régimen de Putin, olvidamos precisar que en España, las cadenas de televisión, las radios, la gran prensa, los grandes sitios de internet, están en un 90% en manos de la ideología y de las redes de la oligarquía y de su pensamiento único. El totalitarismo soft lo padecemos en nuestra propia casa.
¿Ésta es la democracia europea, la que le da lecciones de moral a la Rusia de Putin? Putin tiene cuatro veces más de opiniones favorables de su pueblo que los líderes europeos de los suyos.
Estamos siendo víctimas en Occidente de una desinformación global sobre la Rusia de Putin. Se impone la regla de atacar a quien cuenta con el apoyo de una gran mayoría de la opinión rusa: es decir la opinión popular, no la de las élites occidentalizadas o de una cierta burguesía de Moscú y San Petersburgo. Pero la izquierda bienpensante no soporta la opinión de la mayoría del pueblo, sobre todo del pueblo llano que desprecia como inculto, y llama populismo toda política que tiene en cuenta al pueblo llano, asimilando eso al fascismo. En realidad, las verdaderas razones del odio hacia Putin de parte de la ideología dominante (que no es la opinión popular mayoritaria) no proviene para nada de que su régimen sería “antidemocratico” (ya que a la izquierda siempre le ha importado muy poco la democracia) pero de sus orientaciones que chocan contra la oligarquía y la intelligentsia mediática occidentales.

 Los dos elementos principales del acoso contra Putin son:
1) Putin ha decidido hacer de Rusia otra vez una gran potencia y volver a darle una fuerza y un prestigio internacional. Eso choca con los sentimientos de una cierta rusofobia occidental. La izquierda europea bienpensante se alía en este punto con Washington. Se vuelve a lanzar el mito del “imperialismo ruso”. Se detesta una Rusia poderosa y animada por el patriotismo en los círculos de la Unión Europea que están sometidos a la estrategia mundialista. A esto se añade el apoyo de Rusia a Siria.
2) Putin desarrolla en Rusia las nociones de patriotismo, de renacer de la natalidad autóctona, de respeto de los valores tradicionales del pueblo ruso, de arraigo, de freno de la inmigración sin control, de cooperación con la Iglesia Ortodoxa. Todo eso contraría profundamente a la oligarquía occidental porque choca frontalmente contra su ideología, sus pasiones y sus antojos. Putin comete un pecado capital al desmarcarse del dogma del cosmopolitismo, y al atreverse a decir que quiere luchar contra la dedadencia de las costumbres y afirmar la identidad rusa ancestral, se le define como un horrible tirano.
La ley votada por la Duma contra la propaganda de las prácticas homosexuales y contra la adopción de niños rusos por parejas homosexuales extranjeras, así como la hostilidad del poder ruso hacia la Gay Pride y el matrimonio homosexual han sido interpretados por los ideólogos occidentales como otras tantas monstruosidades, cuando en realidad se trata de sentido común y de decisiones aprobadas por el 80% de los países del mundo. La detención y el encarcelamiento de las Pussy Riots profanadoras de la catedral del Cristo Salvador (posteriormente liberadas) fueron presentadas como prácticas escandalosas, dignas del antiguo gulag. Estamos en pleno delirio.

Así pues, la diabolización de Putin descansa sobre estos dos elementos y no sobre el hecho de que estaría al mando de un régimen opresor de las libertades. Esta hipocresía antirrusa de los círculos dirigentes occidentales contrasta con la extrema tolerancia hacia los régimenes de las monarquías del Golfo Pérsico y el poder chino, que son verdaderas dictaduras. Hay en el mundo, en Asia, en África, en América del Sur, regímenes mucho más “antidemocráticos” que Rusia. Sin embargo lo único que se oye sobre esos gobierno es… silencio. Se prefiere concentrar los ataques contra Putin. Porque Putin tiene ideas que incomodan, valores que molestan a los bienpensantes. Hablar de Putin como de un tirano queda muy bien en las tertulias, pero ahí cuenta más la imagen que la realidad.
En realidad, ¿qué es el régimen ruso actual? Ciertamente es un poder fuerte. Pero es imposible que sea de otra manera en la inmensa Federación de Rusia. Es su historia milenaria. ¿Es un sistema tocado por la corrupción? Sin duda, pero no más que en otras parte y a menudo menos que en el resto del mundo. ¿Un país privado de libertades? Comparemos con la Unión Soviética y tendremos la respuesta. Desde que Putin llegó al poder en el año 2000, Rusia se ha levantado económicamente y ha retomado su lugar como gran potencia, la pobreza ha retrocedido y el PIB por habitante ha progresado notablemente. Claro está, quedan enormes problemas que tratar. Todo no es de color rosa. ¿Pero dónde son las cosas de color rosa?

El interés de Europa es el eje de la alianza con Rusia, que comparte con nosotros la misma civilización en las profundidades de su constitución, el mismo cimiento etnocultural, el mismo conjunto histórico. En el fondo lo que molesta a los detractores de Putin, de manera enfermiza, es que Putin defiende, de manera bastante tranquila, ideas de identidad y de poder, de tradición y de innovación, que desconfia del islamismo como de la peste, que es muy desfavorable a la inmigración, que es natalista y familiarista y que considera que los valores “societales” de Occidente son valores nihilistas. Eso es considerado nauseabundo e inadmisible por los popes del pensamiento dominante en Occidente.

El ex KGB Putin, rebautizado como hombre de derecha, incluso de extrema derecha, perturba los esquemas de la intelligentsia y las élites occidentales. Putin se presenta como un atleta, admirado por las mujeres, lo que provoca los celos de los dirigentes occidentales que detestan toda alusión a la virilidad. Putin juega habilmente con su imagen viril, dirigida a los rusos. Esto suscita la cólera de los ideólogos occidentales, para quienes la “virilidad blanca” es el pecado supremo.
Por lo tanto, ¡Viva Putin y viva Rusia!
http://www.alertadigital.com/2018/05/08/por-que-vladimir-putin-perturba-tanto-a-las-elites-dirigentes-de-la-degenerada-europa/

Post Top Ad

Responsive Ads Here