La contrarrevolución de Trump - .

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viernes, 20 de abril de 2018

La contrarrevolución de Trump


  El presidente republicano ha dado marcha atrás en algunas medidas de apertura aprobadas por Obama respecto a CubaCuba se despertará hoy, por primera vez en más de medio siglo, sin tener al frente de su Gobierno a un miembro de la familia Castro, algo que Washington lleva deseando desde que la revolución de los barbudos echó al gobierno de Fulgencio Bautista en 1959. Estados Unidos, sin embargo, no tiene mucho que celebrar porque el régimen comunista les sobrevive –desafiando su previsión de que iba a desmoronarse en cualquier momento– y ha recibido el relevo con indiferencia después de que Donald Trump lanzara una modesta contrarrevolución para deshacer las medidas de apertura de Barack Obama.
No fue un deshielo total, pero sí histórico, el que Estados Unidos y Cuba protagonizaron durante los últimos años de su presidencia, mano a mano con Raúl Castro. Se retomaron las relaciones diplomáticas interrumpidas en 1965, se relajaron las restricciones de viaje y se facilitó el envío de remesas. Washington reabrió su embajada en La Habana, y Obama visitó la isla mientras los Rolling Stones se iban de gira al último reducto caribeño del comunismo y sus aerolíneas volvían a volar al viejo territorio enemigo.
La llegada de Pompeo y Bolton a la Casa Blanca puede reactivar la obsesión republicana con la isla caribeña
El embargo económico persistía. Era el último gran obstáculo para la normalización de relaciones. Con el Congreso en manos republicanas, Obama ejecutó su estrategia a golpe de órdenes presidenciales. La liberalización económica y los contactos personales deberían fructificar en la democratización progresiva de la isla, argumentaba. No dio tiempo a comprobar si la estrategia iba a ser más efectiva que las décadas de aislamiento económico y político. Trump había dicho que daría marcha atrás en el proceso de deshielo y en noviembre del año pasado cumplió su promesa. Washington prohibió otra vez los viajes por libre a la isla (sólo se pueden contratar mediante agencias) y señaló 180 negocios con los que sus ciudadanos y empresas no pueden tratar al formar parte, a su juicio, de la estructura gubernamental cubano.
No puede decirse sin embargo que hayan vuelto a la casilla de salida. Las relaciones diplomáticas se mantienen, aunque se ha cerrado el consulado y la embajada ha reducido al máximo su personal. Washington no ha recuperado la política de “pies mojados, pies secos” abolida por Obama por la que cualquier cubano que llegara a EE.UU. tenía derecho a quedarse. Cuba pasó a ser tratada como cualquier otro país.
Tampoco se ha reintroducido la obligación de obtener un permiso previo para viajar. Y las empresas que aprovecharon los casi tres años de apertura para invertir en la isla, como Google, AirBnB y las grandes cadenas hoteleras, podrán seguir realizando sus actividades, aunque el embargo sigue en pie y algunos republicanos piden que se amplíe.
Trump se ha mostrado realmente poco interesado en las relaciones con Cuba y no ha querido ir más lejos, pero esto podría cambiar con las nuevas incorporaciones a su equipo. Su futuro secretario de Estado, Mike Pompeo, excongresista, siempre se opuso a las medidas de apertura de Obama, y el nuevo asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, trató de boicotear el viaje de Jimmy Carter a Cuba en el 2002 acusando a Castro de desarrollar armas de destrucción biológica. Con ellos, la vieja obsesión republicana con la isla podría volver a Washington.

 lavanguardia.com

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