Hallan el origen de los síntomas del síndrome de las piernas inquietas - .

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jueves, 26 de abril de 2018

Hallan el origen de los síntomas del síndrome de las piernas inquietas


Hallado el origen de los síntomas del síndrome de las piernas inquietas
Hasta un 3-10% de la población española padece este trastorno neurológico del movimiento caracterizado por una necesidad irrefrenable de mover las piernas Un estudio que se publica hoy en la revista «Neurology» parece haber dado con el origen causante del síndrome de de Willis-Ekbom o ‘síndrome de piernas inquietas’ (SPI), un trastorno neurológico del movimiento caracterizado por la necesidad irresistible de mover las piernas y por sensaciones desagradables en las extremidades inferiores, generalmente muy molestas y, en algunos casos, dolorosas. Un síndrome que padece en torno al 3-10% de la población de nuestro país –si bien hasta un 90% de los afectados lo desconoce– y cuyo origen permanece totalmente desconocido. Los investigadores de la Universidad de Minnesota en Mineápolis (EE.UU.) han encontrado una alteración estructural cerebral en los pacientes con SPI que, según los propios autores, podría ser la fuente de los síntomas del trastorno.
Como explica Byeong-Yeul Lee, director de esta investigación , «nuestro trabajo, que hasta donde nosotros sabemos es el primero en mostrar cambios en el sistema sensorial relacionados con el SPI, muestra la presencia de cambios estructurales en la corteza somatosensorial del cerebro, esto es, el área en la que se procesan las sensaciones. Así, creemos que los síntomas del SPI podrían estar asociados a los cambios patológicos en este área cerebral».

Alteraciones de la estructura cerebral

Entre otros síntomas, el SPI provoca dolor, hormigueo, picor o sensación de tensión en las extremidades inferiores, muy especialmente en los momentos de reposo o relajación –caso, sobre todo, durante el periodo de sueño–. Tal es así que los afectados sienten una necesidad irrefrenable de mover las piernas. Sin embargo, no se trata de un problema que afecte únicamente a la calidad de vida de los afectados: el SPI es una causa importante de insomnio, y en los casos más acusados los pacientes no pueden conciliar el sueño más de tres horas seguidas. Y a todo ello se aúna que, como han mostrado diversos estudios, los pacientes presentan un riesgo hasta 2,5 veces mayor de padecer hipertensión arterial e, igualmente, 2,5 veces superior de desarrollar una cardiopatía.
Pero, ¿no hay nada que se pueda hacer? Pues a día de hoy, no demasiado. Se sabe que el ejercicio puede reducir los síntomas, y que los suplementos de hierro pueden resultar útiles en algunos pacientes. Además, también existen algunos fármacos para los casos graves de SPI que, si bien eficaces, se asocian a efectos secundarios notables cuando se toman durante demasiado tiempo. Y poco –o nada– más se puede hacer.
El estudio es el primero en hallar cambios estructurales en el área somatosensorial de la corteza cerebral en los afectados por el SPI
En el estudio, los autores contaron con la participación de 28 pacientes con SPI grave –el tiempo medio transcurrido desde el momento del diagnóstico se estableció en 13 años– y de 51 voluntarios que, de la misma edad, no padecían el trastorno. Y lo que hicieron fue someter a todos los participantes a pruebas de imagen por resonancia magnética para evaluar sus cerebros, muy especialmente el área somatosensorial de la corteza cerebral –la zona encargada de detectar los cambios que se producen tanto dentro como fuera del organismo, como serían el dolor, la temperatura, el movimiento y la posición del cuerpo.
Los resultados mostraron que, comparados frente al de los sujetos sanos, el área somatosensorial del córtex cerebral de los pacientes con SPI tenía un grosor medio hasta un 7,5% inferior. Es más; también mostraron una reducción substancial del área del cerebro en la que se conectan las fibras nerviosas de ambos hemisferios.

Nuevos tratamientos

En definitiva, los pacientes afectados por el SPI presentan cambios estructurales en el área cerebral encargada de procesar la información sensorial. Unos cambios que, según las nuevas evidencias, parecen ser la causa de los síntomas –incluido el dolor– asociados a este trastorno neurológico tan sumamente molesto y común.
Como refiere Byeong-Yeul Lee, «estos cambios estructurales refuerzan la idea de que los síntomas del SPI se derivan de cambios únicos en el cerebro y nos ofrecen una nueva área de estudio para entender el trastorno y, muy posiblemente, desarrollar nuevas terapias frente al mismo».

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