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lunes, 30 de abril de 2018

El salvajismo y el crimen imperan en los barrios de la periferia capitaleña




UNA historia publicada en el principal matutino del grupo Corripio, que lacera el alma y que no deja a nadie indiferente:  Un adolescente (Yeison Santos Figuereo, de 18 años) está jugando en una cancha y junto a otros y de pronto, en la confrontación deportiva, ocurre un roce entre dos jugadores y cada uno de equipo contrario y del que resulta, que, por ese accidente, hay uno herido en una ceja y ante lo cual, los demás le auxilian y ofrecen las disculpas de lugar. Pero ese gesto no fue suficiente y los del otro “equipo” de inmediato tronaron que la situación no se quedaría así y que habría muertos.


¿Resultado? Los del equipo “herido” buscaron palos y machetes y persiguieron al otro equipo, todo el mundo salió huyendo y uno de los jugadores fue acorralado y en un santiamén y con machetes le cortaron un brazo, le dañaron seriamente el otro y lo golpearon inmisericordemente y lo peor, ningún vecino le ayudo, ni siquiera abriéndole la puerta para refugiarse. Ahora, el herido y quien se recupera en el hospital Darío Contreras, dice no tener idea de quiénes lo atacaron, pero, ahogado en llanto, dice que lo que más le duele, es que cuando pidió auxilio no lo recibió y que, estando aún herido, lo que le hicieron fue videos hasta que una persona se acercó y lo ayudó. Si este suceso no es una muestra terrible de la grave fractura asocial que hay en este país, donde todo se dilucida de manera sangrienta, ya muchos quisiéramos que se nos dijera que es, pues de lo que habla es de salvajismo en su expresión más infame y criminal.

 

 Las autoridades deben impedir los linchamientos a como dé lugar


ES realmente perturbador, que porque alguien hubiese sido asesinado por otro, de inmediato, a nivel barrial en las ciudades o en los pueblos y comarcas del interior, hayan individuos que se apresuren a salir a las calles en planes de venganza primitiva, a matar al primero que se les cruce en sus caminos y muchísimo peor, que la “venganza” que se manifiesta y porque se trate de que el homicida sea un ciudadano haitiano, de inmediato los familiares del muerto, expresen y como si se viviera en lo peor dentro de una tribu, que le dan un día a las autoridades para que atrapen al que mató a su pariente o de lo contrario, saldrán a las calles a matar haitianos.

 ¿Por qué sucede este tipo de primitivismo tan bestial?, porque el gobierno del PLD ha permitido que todo el mundo haga lo que le venga en ganas y con tal de no perder la gobernabilidad y lo que se ha producido es una fractura social y moral tan desquiciante, que ahora resulta, que, en este país, la vida de cualquier persona no vale nada y se encuentra expuesta al mayor peligro. En el matutino centenario capitaleño, se lee que en la comunidad el Ganadero de la provincia sureña de Azua, “familiares del agricultor Juan de Dios Castro, asesinado por haitianos la semana pasada, advirtieron de que si en 24 horas las autoridades no arrestan a los implicados en este crimen comenzarán a perseguir y matar a los nacionales de Haití que estén en esa provincia. 

“Sí en 24 horas no resuelven esto, nosotros vamos a coger dos escopetas y vamos a perseguir haitianos… a matar haitianos, y de todo el que sospechemos lo vamos a matar; quizás ellos dicen que son inocentes, pero y nuestro padre qué era: un perro, al parecer. Si no resuelven en 24 horas, vamos para la calle y vamos a matar haitianos, como hizo Trujillo en aquella época”, advirtieron los hermanos Ruddy y Juancito Castro Filpo. Ambos aseguraron que las autoridades no están haciendo su trabajo y que solo quieren cerrar el caso al mostrar a un “infeliz” como culpable. Por su parte, las autoridades de Azua dijeron que están investigando los hechos, y que el próximo martes se le estará conociendo medida de coerción al único imputado apresado por el asesinato del agricultor”.

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