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La Actualidad

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miércoles, 28 de marzo de 2018

El costo del triunfalismo turco en Siria Con la bandera turca flameando en el edificio municipal de Afrin, el presidente Recep Tayyip Erdogan y sus partidarios muestran gran humor triunfal. En cierto sentido, tienen derecho a disfrutar su triunfo ya que es la primera vez en casi 100 años que Turquía obtiene una victoria militar contra un adversario al que enfrentó en combate (la ocupación de Chipre de 1974, Turquía la logró a través de escaramuzas armadas sin mayores combates).

 Sin embargo, la euforia inspirada por lo que Erdogan llama "una victoria histórica" tendría que ser atemperada por la realidad. El hecho de que uno de los mayores ejército de la OTAN en Europa gane una guerra contra una banda de combatientes kurdos con armas livianas no debería es una sorpresa. Los hechos de Afrin no son las acciones militares del Sultan Muhammad Fatih conquistando Bizancio.

 " La conquista de Afrin representa una solución del siglo XIX para un problema que Turquía enfrenta en el siglo XXI A juzgar por las declaraciones oficiales de Ankara y la prensa " turca, Erdogan intenta crear lo que los estrategas del siglo XIX llamaron "cordón de seguridad", supuestamente para proteger a Turquía contra las incursiones de los "terroristas" kurdos. Sin embargo, la historia militar, al menos desde la debacle de la linea Maginot en 1939; muestra que conceptos tales como los cordones de seguridad ya no son relevantes para la guerra moderna, especialmente una guerra asimétrica a la que Turquía sigue siendo vulnerable.

Por lo tanto, la seguridad que piensa Erdogan para con el territorio sirio-kurdo necesitaría protección de las áreas vecinas del resto de Siria, así como de las provincias kurdas en Irak, sin mencionar a Irán, que podría - como lo ha hecho durante décadas- ofrecer al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) refugio seguro o incluso bases operativas contra Turquía. En un nivel más mundano, los "terroristas" kurdos que representan una amenaza para Turquía siempre podrían cruzar la frontera con poca dificultad, una práctica que los terroristas de todo tipo efectúan en todo el mundo. Paradójicamente, la única confianza en la fuerza y un intento decidido de humillar al adversario podrían ayudar a reavivar la narrativa de victimización del PKK como una justificación para la violencia y el terror.
 
 Eso es especialmente lamentable porque la minoría kurda de Turquía lo ha hecho bastante bien bajo la era de Erdogan. " La única confianza en la fuerza y un intento decidido de humillar al adversario podrían ayudar a reavivar la narrativa de victimización del PKK como una justificación para la violencia y el terror. Quienes están familiarizados con la situación sobre el terreno " o en Turquía saben que durante la administración de Erdogan, las áreas de mayoría kurda del país han salido de la pobreza extrema y disfrutan de una aceptable prosperidad que nunca antes habían conocido. La evidencia empírica y anecdótica indica que la ideología marxista-leninista del PKK y su quimera de un estado proletario que reemplace a la República de Turquía tienen un atractivo limitado entre los kurdos de Turquía.

 La simpatía que atrae al PKK está arraigada en el grupo de los llamados "asuntos de identidad", los "ellos contra nosotros", los mismos que alimentan el secesionista en Escocia o Cataluña. Al eliminar muchos de esos "problemas de identidad", en las primeras fases de su liderazgo, Erdogan logró privar al PKK de gran parte de su base y sustento ideológico. Ese gran logro se vio dramáticamente ilustrado por el cambio público de rumbo por parte de un segmento significativo de la dirección del PKK, especialmente de su líder mas prominente, Abdullah Ocalan, actualmente detenido.

 Lo cierto es que la captura de Afrin, incluso suponiendo que sea permanente, no resolverá el problema kurdo de Turquía. La ley de consecuencias no intencionadas suele ser inexorable y podría llevar a Turquía a un laberinto de problemas completamente nuevos y de difícil resolución. En la actualidad, una buena parte de las tropas de élite turcas están empantanadas en Chipre sin un final a la vista. La seguridad que Erdogan quiere construir en Siria también podría terminar con otro empantanamiento de las tropas de Turquía, provocando un desequilibrio estratégico en la doctrina de defensa general de la nación y los medios necesarios para sostenerla. Y eso sin mencionar el costo económico de tales compromisos.

 El plan sirio de Erdogan también implicaría a Turquía en cualquier proyecto para recrear una nueva Siria a partir de los pedazos de un estado quebrado. Excepto Irán, con objetivos estratégicos muy particulares, Rusia y Estados Unidos, actualmente involucrados en el atolladero sirio, podrían irse fácilmente ya que su presencia no tiene una expresión territorial. Incluso si Erdogan decidiera aferrarse a una base en Siria, Rusia podría defender su enclave en el Mediterráneo sin ver que su propio territorio está amenazado por la infiltración del enemigo, y hasta Irán también podría retirar a sus paramilitares libaneses y otros mercenarios regionales sin exponer su propio territorio a las amenazas terroristas perennes.
 
 Turquía, sin embargo, podría quedar atada al destino de Siria, como Ruanda está ligada a la interminable confusión del Congo-Kinshasa. Enredado en las áreas kurdas de Siria, Erdogan podría arruinar la estrecha relación construida durante décadas entre Turquía y el Kurdistán autónomo en Irak. Eso, a su vez, podría socavar al líder turco por jugar un papel de liderazgo demasiado ambicioso al querer participar en planes de reconstrucción de Irak. En la última década, las empresas turcas han perdido importantes mercados en Túnez, Libia, Egipto y Siria. La perspectiva de que Irak emerja como un nuevo mercado es una de las pocas buenas noticias a la que los negocios turcos ahora se aferran (es un hecho que Turquía busca la firma de ciertos contratos por valor de más de 20 mil millones de dólares en Irak).
 
 Sin embargo, la nueva imagen de Erdogan como enemigo de los kurdos podría privar a Turquía de sus aliados más seguros en el Kurdistán iraquí, tanto igual como que Irán jugará la carta chiíta para frenar la influencia turca. Por otra parte, la aventura kurda de Erdogan también podría disparar cierto malestar en las relaciones de Ankara con sus aliados de la OTAN. Haciendo la vista gorda a la campaña de Turquía contra los kurdos sirios, es poco probable que EEUU abandone totalmente a sus aliados kurdos que ayudaron a derrotar al ISIS. Por lo tanto, Erdogan pronto puede descubrir que su victoria en Afrin no es tan exitosa e indiscutible como él dijo cuando declaró que nadie puede desalojar a Turquía por la fuerza de Siria.

Aunque con intereses diferentes en Siria, EEUU y Rusia podrían ayudar a aumentar el costo de su "gran victoria". Hace casi dos décadas, Erdogan dijo a la comunidad internacional que el problema kurdo era "un problema político sin solución militar". En su primer mandato como primer ministro, demostró que pudo aplicar esa visión con paciencia y tolerancia. Sin embargo, esa paciencia parece haberse evaporado. Lo que está ofreciendo ahora es un discurso banal de una victoria militar hueca. La puesta en escena de izar la bandera turca en Afrin fue copiada de los marines estadounidenses que levantaron su estandarte en Iwo-Jima. Sin embargo, como gran aficionado a Hollywood que es, Erdogan debería saber que los remakes nunca son tan buenos como el original y, a menudo terminan en fracasos
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