LA DELINCUENCIA MILITAR ESTÁ PASANDO A UNOS NIVELES MÁS QUE PREOCUPANTES: Opinión - .

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jueves, 7 de diciembre de 2017

LA DELINCUENCIA MILITAR ESTÁ PASANDO A UNOS NIVELES MÁS QUE PREOCUPANTES: Opinión

Una rápida acumulación estadística sobre hechos militares de corrupción, criminalidad y robo protagonizados por personal militar de todos los rangos y en los últimos 21 años, arroja un impresionante como preocupante muestrario, de como los gobiernos de los presidentes Fernández, Mejía y Medina Sánchez y por las razones que fueren y al haber sido tolerantes con las inconductas de militares en activo, han facilitado las cosas y para que esas inconductas aumenten y lo peor, sin que haya habido sanciones firmes que hubiesen detenido en seco, el nacimiento de lo que ya es un cartel militar del crimen a la sombra del gobierno de la República.

            Lamentable, es llegar a semejante conclusión, pero peor sería, empezar a revelar cuantos tenientes generales y mayores generales se han visto metidos hasta las raíces de sus cabellos en actividades ilícitas de total narcotráfico o de generales de brigadas y coroneles, metidos más allá de lo imaginable y abarcando todos los estamentos militares y policiales, de seguridad e igual del cuerpo de ayudantes militares del presidente de la República.

            Un indicador terrible de la criminalidad, corrupción y permisividad de los oficiales militares, se tiene en el ominoso listado de tantos uniformados a los que el Departamento de Estado estadounidense les ha cancelado sus visados personales turísticos y en castigo porque esos militares han transgredido leyes de EEUU como dominicanas o el otro listado, de cuantos, los uniformados que debieron ser enviados a cortes estadounidenses y ser juzgados allí por determinados hechos delictivos, por lo que al término del periodo de cárcel al que los jueces les condenaron, inmediatamente fueron repatriados al territorio nacional.

            Se sabe por ejemplo, que en lo que se refiere al presidente Leonel Fernández, este llegó a un grado de tolerancia sobre la criminalidad castrense, que hasta él mismo terminó siendo denunciado por un capo del narcotráfico, ya repatriado, por los millones de pesos y dólares estadounidenses otorgados como financiamiento a los procesos electorales en los que participó como candidato o su partido y hasta imputándosele haber recibido regalos costosísimos, al tiempo que se descubrió, que altos jefes militares de su cercanía, no solo que tuvieron mucho que ver con las actividades ilícitas del Quirinogate, sino que incluso, hubo un general policial investigativo que llegó a amenazar al mismo primer mandatario por si se atrevía a cancelarlo.

            En este plano y hasta donde se conoce, el presidente Hipólito Mejía nunca experimentó nada semejante y del presidente Danilo Medina Sánchez, mucho menos. Pero no así, determinado individuos de uniforme civil y castrense de sus respectivos entornos.

           Sin embargo, ha llamado la atención, que en los gobiernos del presidente Medina Sánchez, es en el periodo en el que mayores resultados de descubrimientos de prácticas ilícitas del narcotráfico al amparo del uniforme y personal militar se han estado sucediendo y como han sido los casos protagonizados por el teniente retirado Percival Matos con traslados de aviones desde aeropuertos criollos hacia otros venezolanos y todo el “registro contable” de la cantidad de personal militar con funciones en puertos y aeropuertos y en particular, el Cuerpo Especializado en Seguridad Aeroportuaria y Aviación Civil (Cesac), la  Dirección Nacional de Control de Drogas (CNDC), La Dirección Central de Investigaciones Criminales (Dicrim), el Ejército Nacional en la frontera con Haití y la Armada Dominicana en operativos de viajeros ilegales, contrabandos de drogas y mercancías, etc.

            Por eso, porque nadie se explica como es que el Poder Ejecutivo ha dado muestras de ser poco diligente y en esta materia de enfrentar con decisión la criminalidad militar, a nadie le han podido extrañar todas las historias rocambolescas que acompañan a los últimos cinco jefes policiales y en lo que tiene que ver con el cuido y diligencia que debieron de mostrar y al momento que se detectaba la presencia uniformada en actividades ilícitas condenadas por las leyes.

            Al no haber explicación del por qué de tan tímido comportamiento de la autoridad civil, a nadie extraña, que la delincuencia social se hubiese convertido en una criminal y peor, que el ramal de delincuencia juvenil compuesta por sicarios menores de edad, sea a la fecha una realidad dura y de origen y apoyo, sino militar, sí incuestionablemente policial y lo más delicado, que hasta ahora, en el Poder Legislativo no se han producido reacciones propias de investigación y saneamiento y tal como le faculta la Constitución de la República, en tanto legisladores que anteriormente a ser elegidos por los jefes políticos, apenas tenían días de haber salido de las cárceles por cumplir condenas por corrupción y otros financiados por bancas de apuestas y loterías y de dudoso trato moral en sus respectivas comunidades, son los primeros en ignorar lo que está ocurriendo dentro de las Fuerzas Armadas en materia de destrucción de la imagen militar o de fractura moral absoluta en la Policía Nacional.

            Por ejemplo, esa barbaridad, de que dos coroneles en activo, uno de la Fuerzas Aérea y otro del Ejército y nos referimos a los señores “caballeros oficiales”, Domingo Figuereo Heredia y Robles Ramírez Pimentel, el primero, jefe del Cesac en la terminal aérea de La Romana y el segundo, jefe de la DNCD en la misma terminal, hubiesen recibido 11 millones de pesos para dejar pasar un cargamento de 500 kilos de cocaína que sus dueños lograron sacar del territorio nacional y repartidos otros millones de pesos más en  dos mayores, dos capitanes, cuatro tenientes, varios sargentos, cabos y rasos, que prestaban servicio en la terminal aérea de La Romana, y que pertenecen al Cesac, a la DNCD y a la Dirección General de Migración, dice y de una manera más que elocuente, de que es hora, en cuanto a que el poder correctivo del Estado y en la persona del mismo presidente de la República, se implique directamente en todo esto y como comandante en jefe de los institutos castrenses, de seguridad y policiales de la nación e imponga las sanciones de lugar más drásticas y de ser necesario, imponiendo una rotación general de todos los mandos militares, habida cuenta, de que lo sucedido en el aeropuerto internacional de La Romana, lo que habla, es de que ya la descomposición moral del personal militar a nivel de la oficialidad ha llegado a unos límites absolutamente intolerables.

            En otras palabras y lo que expresamos con el mayor de los respetos, es hora, de que el mismo presidente Danilo Medina Sánchez, le envié y él personalmente, un mensaje de tranquilidad al resto de la nación, implicándose directamente en la solución radical referente a lo que es evidente, que se ha convertido en una grave problemática criminal dentro de los militares y que de continuar como va, terminará afectando y si es que ya no lo ha hecho, la línea de mando.

            Pues hay que asumir que el mismo primer magistrado de la nación debe estar más que enterado de las implicaciones directas, que para la gobernabilidad y el orden constitucional, implica, que el gobierno de muestras de ser, no lo suficientemente enérgico con la parte de la oficialidad militar que da muestras de no tener temor alguno a ningún tipo de sanción y lo que a razonamiento a contrario implica, que los superiores de todos los involucrados en el caso de La Romana, parecía que estaban en conocimiento directo de lo que ha estado ocurriendo.

            Desde luego, al presidente Medina Sánchez no hay que cargarle el dado, mal entendiendo que el mismo presidente y por su debilidad  o cautela en su accionar, pudiera haber enviado un mensaje equivocado a sus subalternos de uniforme, en cuanto a que la administración no sanciona ese tipo de inconductas, pero por otra parte, es más que preocupante, los terribles efectos del silencio presidencial sobre esta situación y la que haría rato debió de haber habido un pronunciamiento categórico, pues al final pudiera resultar, que hasta esos militares delincuentes entendieran, que el silencio presidencial les da apoyos y lo que sería equiparable, por lo inverosímil, a que de sorpresa, la nación se despierte un día y sabiendo, que el Poder Ejecutivo tiene un vástago varón (se sabe que Danilo solo tiene tres hijas de acuerdo a su biografía oficial) que consume cocaína y que tiene escoltas de uniforme que también lo hacen o que se la facilitan.

            Y en consecuencia, entendemos, que es el momento de que el primer magistrado de la nación sopese la realidad, de que la delincuencia militar está pasando a unos niveles más que preocupantes y porque habla de epidemia amoral de alto riesgo, cuya impunidad no presagia nada bueno. Con Dios.  [DAG. Jueves, 07 de diciembre de 2017. Año XV. Número 6,112]


Fuente:http://porelojodelacerradura.com.do/la-delincuencia-militar-esta-pasando-a-unos-niveles-mas-que-preocupantes-y-porque-habla-de-epidemia-amoral-de-alto-riesgo/




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