JUICIO A FIDEL - .

La Actualidad

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sábado, 10 de diciembre de 2016

JUICIO A FIDEL

Felipe Ciprián

No me canso de pensar por qué tanta gente quiere enjuiciar a Fidel Castro cuando no se puede defender, siendo, como era, un abogado prestigioso, un interlocutor locuaz y un hombre conceptuoso y absolutamente veraz, que además puso su pellejo a punto de las balas de dictadores para demostrar sus verdades.
Solo el presidente Leonel Fernández, de los políticos del patio, han hecho una aproximación real de ese líder antillano fallecido a los 90 años el pasado 25 de noviembre, como si quisiera tributar con su partida, un elogioso homenaje a las hermanas Patria, María Teresa y Minerva Mirabal Reyes y al Día Internacional de Lucha contra la Violencia a la Mujer.
¡Cuántos enanos critican a Fidel Castro! Pordioseros de la política y de las letras ante su estatura de gigante gladiador contra imperios, colonialismos, apartheid, anemias, analfabetismos, ciclones y epidemias... en cualquier lugar del mundo.
¿Se requiere mayor grandeza y desinterés material y personal para ser respetado al compás de la muerte?
Sé muy bien que ser reaccionario en el Siglo XXI es una moda tan extendida como los teléfonos inteligentes, incluso de gente que en los sesenta pretendía ser progresista -porque aun no tenía tarjetas de crédito, jeepetas y el embullo subliminal de gastar lo que no tiene para aparentar ser rico, siendo en realidad miserable en toda regla- por lo que ahora ese tipo de personas se descarga contra unas cenizas inertes de Fidel, pero muy elocuentes por sus ideas, sus acciones y sus resonantes triunfos en todo el mundo.
Mis respetos para ti Fidel, para Dalia, para tus hijos. Pero sobre todo, para ti.
Denostar al Fidel fallecido es una cobardía. No creo que haya dirigente político -ni siquiera gobernante- que hiciera un aporte más significativo que él desde mediados del Siglo XX hasta los albores del XXI, en América Latina. Fidel es un monumento a la solidaridad mundial, nada comparable con cualquier otro líder de este tiempo.
Sería una cobardía más negar que desde la dirección del Estado cubano, fue Fidel el inspirador y promotor de la formación de cientos de miles de médicos cubanos y extranjeros que hoy luchan con muy buena capacidad contra las principales enfermedades tropicales, contra los desastres naturales y están consagrados a la investigación para el desarrollo de medicamentos y vacunas contra las peores enfermedades que azotan a la humanidad en este tiempo. Lo mismo podría decirse de la formación de maestros y de programas para vencer el analfabetismo.
Hay que ser muy mediocre para negar que un país pequeño y sin grandes recursos como Cuba estuvo presente en todas las batallas contra el analfabetismo regional y el cuidado de la salud. Ni hablemos de la lucha contra el colonialismo, el apartheid y la emancipación de los pueblos más sufridos de África.
Solo la “Operación Milagro”, que devolvió la visión a decenas de miles de personas en América, es suficiente para catapultar a Fidel como un humanista extraordinario.
Y eso no encontró fronteras porque el asesino directo de Che Guevara, el sargento boliviano Mario Terán, fue operado exitosa y gratuitamente por médicos cubanos para corregirle un defecto ocular que le impedía ver. Ese acto lo hubiese aprobado enteramente el Che, pues ese mismo fue su comportamiento con los heridos enemigos en combate, a los que curaba igual que a sus compañeros.
Se trata de una elevada ética que no pueden entender las mediocridades que hoy se ceban contra un Fidel que demostró una gallardía inigualable en la denuncia del latifundio, la corrupción y la ignominia en el gobierno de Batista, y luego como Jefe del Estado cubano en cuya función nunca rehuyó sus responsabilidades.
Fidel fue la roca que se paró contra las pretensiones de Estados Unidos de convertir a la América toda en una colonia pervertida y manipulada al servicio de las empresas y los cabaretes de esa sociedad corrupta, jugadora y arrogante.
No sé si su apuesta -el estímulo, apoyo y gestión de proyectos guerrilleros- fue la mejor opción para subvertir el desorden estafador y represivo impuesto en América Latina por la Guerra Fría, pero lo cierto es que no sugirió nada que antes él y sus compañeros no hayan experimentado exponiendo su pellejo.
Fuente

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