EL PRESIDENTE RUSO, VLADIMIR PUTIN, HA GANADO LA SEGUNDA RONDA DE LA GUERRA FRÍA CON ‎EE.UU - .

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lunes, 26 de diciembre de 2016

EL PRESIDENTE RUSO, VLADIMIR PUTIN, HA GANADO LA SEGUNDA RONDA DE LA GUERRA FRÍA CON ‎EE.UU

Veinticinco años después de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Moscú logra contener a EEUU pero afronta los peligros de entonces
Un viejo dicho ruso lo advirtió: "El futuro es brillante, pero el pasado es impredecible". Hace 25 años que dejó de existir la URSS, poniendo fin en forma de derrota a la Guerra Fría que había librado con EEUU durante décadas. Pero el Kremlin poco a poco ha ido retocando ese marcador y hoy no está claro hasta qué punto son independientes los países que abandonaron la órbita socialista, y el papel de única superpotencia de EEUU está puesto en duda. Ya no son los políticos rusos los que se quejan de intervención de Washington en sus asuntos internos, sino al revés. Y la Guerra Fría, que se consideraba enterrada, está cada día en las primeras planas de los periódicos y en las reuniones de la OTAN. El balance de fuerzas ha cambiado. Ahora hay una superpotencia reacia a actuar, EEUU, y una potencia regional dispuesta a arriesgarse, confiada en que la población aguantará cualquier efecto secundario. "Moscú está tratando de volver a forjar su poder global", explica Dimitri Trenin, autor del libro ¿Debería Occidente temer a Rusia?, "pero el presupuesto puede resentirse y desestabilizar el país".

Rusia contempla el medio siglo con nostalgia, pero consciente de que el socialismo no puede regresar. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha dicho en varias ocasiones que la desaparición de la URSS es la mayor tragedia geopolítica del siglo XX, un punto de vista que conecta con el de un amplio segmento de los rusos, que parecen no tenerle en cuenta que su padrino político, su antecesor Boris Yeltsin, fuese precisamente el impulsor del desmontaje de la unión de repúblicas. "En efecto, fue una catástrofe porque supuso la destrucción de un equilibrio mundial en el que había tres mundos, uno socialista, otro capitalista y también el Tercer Mundo, así como unas reglas de juego claras, y ahora todos intentan manipular porque lo único que importa es el dinero, mientras los organismos legales internacionales y las empresas, y la gran política también, se comportan como una banda de criminales: roban, engañan y actúan como una banda callejera", explica a EL MUNDO Ruslan Jasbulatov, (Grozny, 1942) que presidió el Parlamento durante aquel convulso 1991 en el que todo se derrumbó.
Desigualdad

Una persona que despertase de un coma 25 años después encontraría un país con una renta personal mucho más alta, pero mal repartida. Uno de los fundadores de Google, el ruso emigrado Serguei Brin, ha dicho de su país que es "Nigeria con nieve". Tal vez sea ir demasiado lejos, pero Rusia es uno de los países más desiguales del mundo. Un estudio de Credit Suisse calcula que el 75% de la riqueza del país está en manos de un 1%.

Jasbulatov, risueño y despeinado en su despacho de la Facultad de Económicas de la Universidad Plejanov de Moscú, recuerda con añoranza "el socialismo, porque el sueño de una sociedad justa, la igualdad de la gente, el humanismo y fue un gran experimento social". Ahora "Putin, a menudo, dice que vivimos en una sociedad unitaria; pero mire a su alrededor... ¿Dónde está la sociedad unitaria? Mi secretaria apenas cobra 300 euros, los precios suben cada día y no existen los derechos constitucionales". Reformista pero terco en sus ideales, siempre pensó que la URSS "tenía un gran futuro". Sólo había que corregir los errores: "Limpiar el sistema, basado en la igualdad social, y la justicia, y la ausencia de empresarios corruptos, algo con lo que todos soñábamos". Sigue pensando que "hay futuro para todo esto, por lo que el socialismo no desaparecerá". Al fin y al cabo, "nadie me ha respondido a la pregunta sobre qué es lo que habrá después del capitalismo".
Los satélites miran al Oeste

Rusia ha despertado como potencia, pero durante su sueño sus satélites la han traicionado mirando hacia la OTAN y la Unión Europea. Algunas veces ha sido un proceso institucional, otras , como en Ucrania y Georgia, con revueltas o guerras. Para Putin, cualquier rebelión contra el Estado es ilegítima, porque es el Estado la fuente de legitimidad. La política de promover cambios de régimen puesta en marcha por EEUU con la llegada del nuevo siglo puso en guardia a Moscú. Cayó el régimen talibán y también Sadam Hussein. Pronto Putin percibió que países como Georgia, Ucrania o Kirgizistán estaban en la lista de deseos de Washington. La caída de Hosni Mubarak, Muamar Gadafi, y el intento de derribar a Bashar Asad confirmó que Washington iba a por todo mientras Rusia seguía lidiando con sus propios problemas. Ahora, Putin está logrando renegociar los términos de esa derrota de la Guerra Fría.

Jasbulatov cree que el pulso hoy es más peligroso que durante la Guerra Fría original: "No hay lideres fuertes como en aquellos años: se humillan". También tiene reproches para los viejos satélites, como los Bálticos o Polonia: "Hemos reconocido su independencia. ¿Porqué despliegan ahora misiles y divisiones armadas? Creen que los Bálticos se van a sentir seguros con unos pocos miles de soldados norteamericanos y, aunque parece todo un juego de niños, las consecuencias pueden ser muy serias".

Se ha visto el peligro en el caso de Ucrania, donde Crimea fue el cabo que quedó suelto durante años hasta enredarse en 2014 "Cuando se separó la URSS, los ucranianos me dijeron que había que ponerse de acuerdo con Rusia, porque el pueblo ruso considera suyos a Crimea y a Sebastopol. Quizás lo mejor habría sido establecer un estatus internacional y que ambos tuvieran una soberanía compartida, pero decían que a Yeltsin eso le daba igual, y que respondía que no quería tratar el tema. Jasbulatov le contestó: 'El pueblo te obligará a volver a este asunto'".
La potencia está de vuelta

La URSS es añorada por la mayoría de los rusos, aunque nadie quiere resucitarla. Pero en los sectores más conservadores la propia idea de que Rusia haya pasado a ser una democracia supone en cierta manera una derrota: es un sistema llegado de fuera. Aunque Rusia ha sido el abogado del separatismo en sus antiguos satélites como Ucrania o Georgia, de puertas para adentro el centralismo y el poder ejercido sin cortapisas son considerados señas de identidad de un Estado sano.

El líder del Partido Comunista Ruso, Guennadi Ziuganov, está claramente en el bando de los nostálgicos: "Todos lamentamos la destrucción del país, todo el mundo comprende que precisamente en este suceso están las raíces de las desgracias que estamos viviendo hoy día". Otros tienen esperanza en el poder actual como creador de una nueva unión entre repúblicas. El ex miembro del Consejo de la Federación, Dimitri Mesentsev, confía en que la integración económica y defensiva sumará voluntades en el espacio postsoviético. "Cuanto más nos alejamos de diciembre de 1991, tanto mejor comprendemos lo valioso del sistema de vínculos que existieron entre las regiones económicas de aquel colosal país desaparecido y entre las personas de distintas nacionalidades, del respeto a las tradiciones y de un modo de vida, que aunque salía perdiendo en la comparación ante los estándares occidentales, aunaba a casi 300 millones de habitantes de la Unión Soviética", recordó en declaraciones a la agencia rusa Sputnik.

Ilya Yashin, líder opositor ruso, cree que Putin quiere reeditar los "gobiernos sin alternativa que funcionaban en los satélites de la Unión Soviética". Jasbulatov no cree que Putin se disponga a reconstruir la URSS: "Sería una verdadera estupidez, porque la URSS era soviética, socialista, todos eran iguales, era una unión fuerte y el partido gobernaba, en algunos casos mejor y en otros peor, pero siempre era una entidad corporativa. Ahora, sin embargo, sólo hay una persona al mando". Y en cuanto al futuro, insiste en que "no se puede recrear la URSS sin socialismo. Putin no es Lenin"


    XAVIER COLÁS    @xaviercolas

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