CÓMO ES QUE LEONEL FERNÁNDEZ QUIERE SER PRESIDENTE DE NUEVO, CUANDO DETRÁS SUYO TIENE LA COLA LARGA DEL TUCANOGATE - .

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martes, 25 de octubre de 2016

CÓMO ES QUE LEONEL FERNÁNDEZ QUIERE SER PRESIDENTE DE NUEVO, CUANDO DETRÁS SUYO TIENE LA COLA LARGA DEL TUCANOGATE





Si hay un hecho continuo escandaloso que impone una muy seria reflexión respecto a lo idóneo que pudieran ser unas elecciones de 2020, en las que una mayoría de electores votara a favor del ex presidente, Leonel Fernández.  Radica en el hecho cierto, de que, sea porque contribuyó, actuó o apadrinó los ilícitos que se le imputan como presidente de la República en ejercicio a favor de mafias del narcotráfico y de tráfico de influencias y en asociación estrecha con altos cargos militares en activo, al doctor Fernández, millones de dominicanos le entienden un presumible delincuente y por lo tanto, rechazarían que este pudiera ser designado nueva vez por su partido.

            Desde el momento que esto se entiende, es imposible suponer, que semejante candidato presidencial podría ser elegible y menos, cuando ya se ha impuesto el mecanismo legal, de que la procuraduría general de la República y lo que se acaba de comprobar con la selección de los posibles magistrados a la Cámara de Cuentas y a otras instancias judiciales, donde postulante que tenga problemas judiciales debe ser retirado automáticamente del listado de opciones a escoger.

            Es decir, no se trata de un asunto personal el que se critique al ex gobernante, sino de sentido común e igual de procura de una corrección administrativa pública, que despeje todo tipo de dudas respecto a aspirantes que moralmente son objetables y lo que significa, que, si ahora en el 2016 se ha impuesto esa directriz desde el ministerio público central, mucho mayor contundencia se deberá tener, al momento que los partidos políticos presenten sus aspirantes a todas las candidaturas para las elecciones generales de 2020.

            En este plano, es tácito que una fuerte mayoría nacional y en todos los partidos políticos, aspira y quiere, que a como dé lugar, nadie que quiera llegar a un cargo público, en el fondo sea un delincuente a escondidas y que no se descubra. Sino que todo aspirante deberá demostrar una hoja de conducta absolutamente intachable y mucho más, cuando desde los últimos 54 años, la corrupción política administrativa y tanto privada como gubernamental, ha crecido y ha tomado raíces. Tantas, que, en este momento, nadie puede negar que las muestras que existen de corrupción a gran escala, es una situación que nadie puede ignorar y menos callar.

            En este sentido y por un asunto de elemental higiene pública, los políticos y figuras públicas prestantes, deberían de ser los más interesados en que la transparencia de sus actos públicos y privados hablen por ellos como garantía mayor de que se les pudiera tener una relativa confianza y que en el caso del ex presidente Fernández, se hace discutible que realmente y apenas por los pocos actos o hechos que otros le imputan y principalmente, ex colaboradores, no puedan existir dudas fehacientes sobre sus condiciones actuales para tratar de postularse para la nominación presidencial de su partido en el futuro inmediato.
     

  Seis hechos y todavía sin explicación efectiva, marcan al doctor Fernández con las ingratas figuras del peculado, el cohecho, la prevaricación, el enriquecimiento ilícito y la asociación de malhechores y de los que aun la nación aguarda sus debidas puntualizaciones.

            ¿Acaso no es público que siendo presidente de la República aceptó donaciones de terceros e inmediatamente luego de su primera gestión de gobierno, para la creación de su negocio particular la Fundación Global? ¿Tampoco es cierto, que se atrevió, a que narcotraficantes le vieran como su socio o asociado más destacado y aceptándoles regalos millonarios y entre estos, más de doscientos millones de pesos y cuyos testimonios se encuentran en el llamado QUIRINOGATE?

            Así mismo, ¿pudiera negar el expresidente, los pormenores del por qué, al salir del poder en agosto de 2012, dejó una “herencia” tan peculiar de dos déficits fiscales que totalizaron cerca de 9 mil millones de dólares estadounidenses? Y lo último y realmente más hiriente: Su autorización tácita para que una pandilla de generales en activo aprovechara un préstamo y compra de aviones militares en Brasil y por lo cual, la firma brasileña Embraer, S.A., su ejecutivo principal acaba de admitir ante magistrados brasileños, que pagó 3.52 millones de dólares en sobornos a dos militares dominicanos mediante una subsidiaria en EEUU. Al cambio actual, ¿estamos hablando de 165,44 millones de pesos?

            No hablemos de las conocidas gestiones públicas que siendo Leonel Fernández presidente en ejercicio, efectuó en el Palacio Nacional y no una, sino muchas veces y que fuera publicado en los periódicos del país, actuando como amable componedor en pleitos de inversionistas privados o de lo otro, de su intervención personal directa en el otorgamiento de las franquicias o licencias en el negocio del transporte del petróleo o del RC2 o de sus iniciativas “colaterales”, para que una especie de hijo putativo, aprovechara las ayudas masivas que el país le otorgó a Haití a raíz del terremoto de 2010 y se alzara con contratas de obras en el país transfronterizo por más de cien millones de dólares estadounidenses y lo que también se derivó de su decisión unilateral de regalarle a Haití una sede universitaria que costó 50 millones de dólares estadounidenses y la que autorizo sin contar a su vez con la autorización del Poder Legislativo?

            Cuando se recuerdan todos esos hechos y actuaciones y se descubre que el ex presidente nunca ha tenido el cuido de ofrecer respuestas creíbles del porqué de esas inconductas que le envuelven en el terrible vaho de la corrupción administrativa a gran escala y siendo el primer ejecutivo de la nación, se hace muy cuesta arriba considerar siquiera, que el doctor Fernández pudiera calificársele de un idóneo prospecto para elecciones presidenciales futuras.

            Entonces, no es que se quiera difamar al destacado hombre público y mucho menos calificarle de desalmado, sino que toda esa cola larga que tiene de actuaciones enormemente inescrupulosas, no dan espacio para que nadie que tenga juicio cuerdo y sensato pudiera aprobar su empecinamiento en querer volver a ser presidente de la República otra vez y menos, cuando se conoce de aquella primera disposición suya en agosto de 2004, de ordenar y autorizar a los miembros del gabinete presidencial y de los organismos descentralizados, que nadie fuera donde él a pedirle, reclamarle o consultarle nada, sino que cada quien actué de acuerdo a su libre albedrio y destapando así la tronera de cada uno abriendo cuentas bancarias particulares para cada institución y de lo que ahora un informe de la Tesorería Nacional, indica que ello significó más de 100 mil millones de pesos que el ministerio de Hacienda y sus organismos apéndices no controlaban, lo que a su vez fue una decisión presidencial absolutamente inconstitucional, que desató un proceso de corrupción como jamás había ocurrido.
Si todo lo anterior se entiende y nadie a escuchado de labios del ex presidente, las explicaciones y tampoco las excusas de lugar o al menos los justificativos de lo que se entiende inconductas administrativas imposibles de aceptar, ¿cómo se puede pretender, que juiciosamente, una fuerte mayoría nacional pudiera aprobar la escogencia del ex presidente como postulante por nueva vez para la candidatura presidencial?

            Uno de los grandes como graves peligros institucionales que confronta este país, es que hasta ahora no ha habido sanción alguna para el que delinque desde el poder y que es lo que, en el fondo, los otros días, se refirió indirectamente en la tele, el embajador estadounidense Brewster y desde luego, que hay que darle la razón, aunque la manera de cómo lo recordó no fue la más elegante, pues en cierto modo, salpicó a las autoridades del gobierno del presidente Danilo Medina Sánchez y de ahí el alboroto subsiguiente.

            Pero de que hay corrupción y que aquí no se sanciona a nadie como se debe y porque la justicia se ha alquilado (véase caso BANINTERGATE, cuyo ejecutivo principal estuvo preso y ha terminado en libertad condicionada viviendo entre su yate y villa veraniega) es un hecho absolutamente irrefutable y como también lo es, el accionar del propio doctor Fernández como líder político y del PLD, decidiendo unilateralmente la prorroga  a constitucional de la mayoría de los diputados y senadores que entendía sus leales.

            Así las cosas, muchos no nos explicamos, cómo es que Leonel Fernández quiere ser presidente de nuevo, cuando detrás suyo tiene la cola larga del TUCANOGATE y lo que debe ponerse sobre la mesa pública de discusión, pues si ese rudo y frío hombre público volviera a ser electo y con semejante pasado, no es verdad que se pudiera presumir, que, de nuevo como gobierno, no volvería sobre sus pasos y arrastraría a la nación hacia su absoluta desintegración moral.
 

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