VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD SECUESTRADA POR UNA TERRIBLE OLIGARQUÍA PLUTOCRÁTICA, QUE A COMO DÉ LUGAR HAY QUE ENFRENTAR. - .

La Actualidad

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viernes, 16 de septiembre de 2016

VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD SECUESTRADA POR UNA TERRIBLE OLIGARQUÍA PLUTOCRÁTICA, QUE A COMO DÉ LUGAR HAY QUE ENFRENTAR.




A raíz de la muy grave reacción de la cúpula empresarial y desde el CONEP, exigiéndole al Poder Legislativo, como por igual al Poder Ejecutivo, reacciones drásticas y punitivas contra la cancelada y sumariamente, directora de Pro Competencia, de apellido Cohen. De una manera determinante, todo el resto de los dominicanos caímos en cuenta, de que vivimos en una sociedad secuestrada por una terrible oligarquía plutocrática, que a como dé lugar hay que enfrentar.

En procura de ese propósito, todas las fuerzas vivas nacionales que dependen de préstamos bancarios y contratos de servicios con el sector privado e igual el oficial, deben y como una sola voluntad, enfrentar este intolerable oligopolio y monopolios que ahora se viene a confirmar, que han hecho de la economía dominicana una especie de territorio atrapado en el que solo un segmento poblacional menor a medio millón de personas, bien se puede calificar como lo más aproximado a ser el amo del país.

¿Por qué ha sucedido todo esto?, ¿por qué el sector económico tiene más peso y poder que el mismo Estado Dominicano?, porque todos los gobiernos que la nación ha tenido desde el asesinato de Trujillo hasta el presente, han sido narigoneados y con fuerza y determinación, por uno de los principales grupos económicos, el Vicini (quien fue el que financió y gestó el magnicidio del Generalísimo y para comprobarlo, solo hay que releer el panegírico dicho por un abogado de apellido Troncoso [Ramón] a favor del multimillonario Gianni Vicini) y el que desde junio de 1961, mediante el gobierno del Consejo de Estado y luego con los del Triunvirato, impuso su poder económico como el eje de la nueva economía dominicana que nacía dentro de los lineamientos absolutos de ese grupo empresarial, entonces hegemónico y al grado de que diseñó una ley notarial, por medio de la cual, se adjudicaba todos los bienes de la dictadura y en base a una declaración bajo firma privada y no como era lo correcto, vía el acto auténtico sobre original.

            Esa realidad se mantuvo apabullante y no importó la llamada “revolución de abril de 1965” (una escaramuza política con ribetes de conflicto armado interno) en la que se agarraron de tontos útiles a miles de jóvenes que se lanzaron a las calles creyendo de a verdad que en el territorio nacional se estaba realizando una primavera política, cuando lo cierto fue, que hasta la entrada de la segunda invasión militar estadounidense de ese mes y año, fue también un acontecimiento que se ejecutó con el solo propósito de que Vicini quedara definitivamente como amo y señor de la economía nacional y lo que se comprobó con mayor drasticidad, en el gobierno provisional de Héctor García Godoy.

            Con la entrada luego, en junio de 1966, del gobierno de Joaquín Balaguer. El monopolio debió de negociar, pero en ningún momento Balaguer hizo nada determinante para restarle influencia y poder, aunque Vicini debió de moderar sus apetencias y dado que la economía había quedado maltrecha y para no decir en parálisis total y se requería de una administración pública firme que lo regenerará y reestructura todo.

Lamentablemente, el realismo político en estos últimos veinte años, solo ha permitido que los gobiernos deban aceptar y comportarse, tal como si la oligarquía plutocrática fuera el otro poder imprescindible al que había que consultar y como el nuevo presidente Leonel Fernández lo hacía saber y que lo transmitía, cuando él mismo prestó el Palacio Nacional y su propio despacho, como sala de encuentro para resolver contenciosos entre poderosos económicos.

            La muestra más patética de lo que decimos, son dos hechos determinantes: La masa de dominicanos ha sido convertida en un amplio grupo de esclavos económicos en base a salarios miseria y humillación extrema para quienes quieran ir hacia adelante y la terrible como arbitraria disposición, de que solo se presta para bienes de consumo y no para bienes de inversión, lo que facilita, que la oligarquía plutocrática disponga del monopolio del dinero y lo otro tan cruel, de que tan pronto un dominicano llega a los 65 años de edad, el sector financiero le condena a una especie de automática muerte cívica, al cerrarle para siempre toda posibilidad de crédito para inversión.

De esta suerte, todo ese sector financiero es el que fija las reglas de juego y obliga al Estado a aceptarlas y el gobierno de turno a aplicarlas y este último reacciona de manera tan pasiva, por una razón determinante, que la oligarquía plutocrática a través de sus mass media dentro de la prensa mercancía, no les critique a los políticos y menos a los que están en el poder, cuando se enriquecen y sin importar el nivel de escándalo que cada “servidor público” realice.

            Entonces, al darse este tipo de restricciones en cadena, que determinan que no se vive dentro de una sociedad libre, nadie puede extrañarse, de que ahora, el CONEP “está dao al pecao” contra el Poder Legislativo y el mismo Gobierno y por lo visto, al estar la oligarquía plutocrática borracha de poder, dispuesta también a estremecer “la funcionalidad” del mismo gobierno constitucional y para no decir lo peor.

            Pedir, por lo tanto, que la mayor cantidad de dominicanos sean conscientes de esta realidad y le exijan a su aparato político, a que actúe como poder libre y constitucional, parecería un sueño y hasta una temeridad, tal como están las cosas. Pero realmente y si los dominicanos queremos nuestra República, todos tenemos que empeñarnos en que haya un equilibrio de poderes en el que el Estado sea el preponderante y no el adefesio de poder aparente que ahora hay. Más aún, creemos, que, si la oligarquía plutocrática se circunscribe al área económica y financiera, pero sin practicar el capitalismo salvaje que la distingue y los dominicanos se envalentonan y se convierten en ciudadanos cívicamente responsables y dejan de comportarse como súbditos, la República podría encontrarse en un pie de igualdad social, aunque no de estirpe y el gobierno podría , como uno realmente nacional.

que un país donde la banca solo sea para consumo y no para inversión general y que a los ciudadanos que pasen de 65 años se les niega el crédito. Es una nación secuestrada y por un grupo de poder que no permite la movilidad social y que sí alienta la esclavitud económica y la degradación moral.



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