ROBERTO ROSARIO, DEBE RENUNCIAR Y NO PERMITIR QUE IMBÉCILES DEL SENADO COMETAN OTRO ERROR - .

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

ROBERTO ROSARIO, DEBE RENUNCIAR Y NO PERMITIR QUE IMBÉCILES DEL SENADO COMETAN OTRO ERROR

SER insensato, en una persona vieja es una estupidez y mucho más, si por su proceder como funcionario público ocasiona una grave situación diplomática que ahora y con urgencia hay que conjurar y porque la Nación sería la afectada.

 Ya no se trata de supuesta lesión de la soberanía nacional como pregona la ultraderecha vinchista, sino de sentido común. La soberanía de los Estados dentro de la realidad política mundial no se maneja dentro de parámetros rígidos y sí enormemente flexibles.

Roberto Rosario se ha convertido en una molestia pública con peligrosa tendencia a pretender afectar las relaciones con nuestro primer socio comercial. Lo mejor que debe hacer, es renunciar al cargo y no permitir que los imbéciles que se encuentran en el Senado de la República vayan a cometer otro error de proporciones tan mayúsculas, que en Washington lo entiendan como un grosero insulto institucional.

Son los intereses permanentes de esta nación lo que están primero, no el resentimiento personal de un agitador universitario del grupo terrorista Pacoredo en tiempos de la pasada Guerra Fría.



EEUU, al ver que la parte de la revocación de visado a un alto cargo del Estado Dominicano estaba generando una percepción dominicana nada favorable al mantenimiento de unas relaciones armónicas entre la gran potencia geopolítica, con la principal economía independiente caribeña y séptima de América Latina y la que a su vez, es su séptimo socio comercial en el mundo, que son los rangos de peso de República Dominicana en el concierto de las naciones y por lo que rápidamente había que tratar de tirarle agua al fuego y reducir a su mínima expresión el desencuentro producido.


ese sospechoso silencio opositor tan poco decente y digno, por cuanto desde tales atalayas y sin pensar si se estaba a favor o en contra del gobierno, solo como dominicanos, esos opositores debieron de haber mostrado una actitud vertical de defensa de la soberanía nacional, que era la que estaba siendo colocada en entredicho, que habría que entender y si es que no se presenta una situación nueva que pudiera cambiarlo todo, que se está en vías de dejar corregido todo tipo de interpretación o distorsión, sobre un hecho estadounidense, que aun cuando ahora haya que tirarle agua al vino.





Lo cierto fue, que se trató de un acto inamistoso y groseramente desconsiderado, hacia una nación con la que se han tenido 172 años continuos de relaciones diplomáticas, políticas y de todo tipo y la que habiendo experimentado dos intervenciones militares, aun así, se mantiene hombro con hombro a favor de la política global de EEUU y ahora mucho más todavía, conociéndose, que en la nación estadounidense hay un millón de sus ciudadanos de origen dominicano y cerca de otro millón de residentes o indocumentados y en el territorio nacional cerca de 300 mil ciudadanos estadounidenses (muchos de origen dominicano) con residencia fija.


En Washington, donde los cerebros que hay allí en su capa dirigente, son personas que tienen la cabeza para pensar y no solo para peinarse, seguro que hubo la necesaria reflexión y no exenta de cierta autocritica y que, al parecer, es lo que ha facilitado las cosas, para que el encanto y trato personal del embajador Brewster empiece hacer su trabajo de tender puentes, pasar la mano, corregir el desencuentro y ofrecer la opinión docta que haga entender que el malentendido ha sido superado.



            Desde luego, falta algo, todavía “el objeto del deseo” y hablamos de Rosario, no ha renunciado a la presidencia de la Junta Central Electoral. Pero en ciertos círculos de influencia fáctica, ya no se duda que esto ocurrirá, como también se entiende, que, de ahora en adelante, ningún sector dentro de los demás poderes interindependientes del Estado, de ahora en adelante -hay que repetirlo- nadie tomará ninguna decisión que en algún momento vaya afectar la política exterior y que es una atribución constitucional exclusiva del Poder Ejecutio.

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