LA LEYENDA INCOMPARABLE DE MICHAEL PHELPS: MÁS OROS QUE 168 PAÍSES - .

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jueves, 11 de agosto de 2016

LA LEYENDA INCOMPARABLE DE MICHAEL PHELPS: MÁS OROS QUE 168 PAÍSES




    Suma 21 medallas de este metal y aún puede ganar dos más. Si compitiera solo representando a su propio país estaría 39 en el medallero histórico de los Juegos.

    Posee más preseas que Argentina, Portugal, Jamaica y otras naciones con fuerte tradición olímpica. Al 'Tiburón' le quedan aún dos pruebas en Río antes de su retiro definitivo. 


Cuando las décadas transcurran, cuando las generaciones siguientes echen su mirada atrás, ocurrirá algo que solo unos pocos elegidos son capaces de generar. El tamaño de la leyenda de Michael Phelpsse agigantará aún más que hoy, al comprender que determinadas personas son incomparables, irrepetibles, inigualables...

Sucederá probablemente algo similar con Messi, Usaint Bolt y Roger Federer. También con Serena Wiliams, por citar apenas otros nombres contemporáneos como intérpretes de la filarmónica más eclipsante del deporte mundial actual. Pero lo de Phelps plantea seriamente dónde se encuentra el umbral entre la capacidad y condiciones físicas y mentales humanas con una dimensión acaso sobrenatural, aunque la genética y la raza confirmen que es humano.

El 'tiburón' de Baltimore, esa bestia irrefrenable que se desliza por el agua con sus brazos que estremecen, sacuden, contagian y nos dejan anonadados cada vez que se lanza a una piscina, podría él solo representar a un país imaginario, que bien podría llamarse, por ejemplo, 'Marcianolandia', ya que este barrilete cósmico (en su versión sumergible) no parece de esta Tierra.

En ese juego de fantasía (porque la gesta y los números del nadador inevitablemente invitan a la ciencia ficción), si Phelps solo representara a su 'planeta Phelps' contra todos los países reales que han competido alguna vez lo largo de la historia de los Juegos Olímpicos, marcharía nada menos que en el puesto 39 del medallero histórico de los Juegos. Sí, él solito y con 168 países detrás suyo. Hablamos de una tabla compuesta por 207 países y miles de atletas que los han representado a lo largo de más de un siglo de vida de los Juegos Olímpicos modernos.

Este astro supera con su botín fantástico de oros a países con muchísima historia olímpica, como Argentina, Portugal, Austria, República Checa y hasta al mismísimo Jamaica, cuna de otro talento inexplicable (por más que la ciencia se empeñe en hacernos creer que es humano) que también integrará el olimpo eterno de los Dioses del Deporte. Lo de Bolt comienza el próximo sábado en Río, por eso mejor deternos aquí respecto a ese hombre.

Volvamos a Phelps. En plena madrugada en España el estadounidense se ha colgado los últimos dos oros (por ahora) de su vida. Uno fue alcanzado tras la modalidad masculina de 4x100 Libre, y el otro en 200 metros mariposa. En esta prueba, me quedé a observarlo en la penumbra del salón de casa, mientras mi familia dormía.

Antes de zambullirse al agua, repetí algo que aconsejo hacer a otros apasionados del deporte cada vez que él nade. Es hora, antes de que se retire,  ya quedan un par de posibilidades. Bajé el volumen al completo de la tele, y mientras Phelps brazaba y brazaba con su mariposa multicolor de oros hacia la gloria, activé en mi cabeza una melodía que suena a imposibles. Puede ser clásica, rock o jazz, da igual, a Phelps le sienta cualquier música alada.

Si no estás 'in situ' en un Juego Olímpico, hay que verlo sin la narración eufórica y entusiasta de los comentaristas. En silencio, como se venera a los héroes, o con una pieza de fondo de Beethoven o con la furia bruta de AC/DC.

En la prueba de 200 mariposa, Phelps ridiculizó en Río a quien (nuevamente) era su máxima amenaza, el sudafricano Chad le Clos, que en la recta final de la carrera comenzó a mirarlo desesperadamente de soslayo y desde atrás, cada vez desde más atrás, desencajado, mientras el estadounidense se le escurría... como 'tiburón' en el agua.

La expresión impotente de Le Clos, de todas formas, estén seguros que no guardaba ira ni resentimiento, sino veneración camuflada, por más que ni consiguió medalla (quedó cuarto y fuera del podio en esa prueba). Pero en 2008 le dijo a Phelps en la cara: "Sos mi héroe". El sudafricano eligió la natación tras haber visto a su ídolo lograr seis medallas doradas y dos de bronce en Atenas 2004. Desde ese momento, y con semejante inspiración, se preparó para ser el mejor nadador que su talento le permitiera. Esas cosas no se olvidan...

Pero competir con Phelps en una piscina olímpica tiene esas contraindicaciones... Comprobar/padecer cómo el tipo se te escapa delante tuyo y te va dejando atrás debe ser similar a observar la marcha de un bombardero del tamaño del Titanic (por la magnitud de su mito) que une la velocidad de un Concorde acuático... Con un pequeño detalle: Phelps es indestructible e imposible de hundir, y también ultrasónico, supersónico y a la velocidad de la luz de los elegidos. Aunque, en verdad, como el Concorde real, probablemente no se fabriquen nunca más Michaels Phelps en la Tierra.

"Mantener los brazos largos, empujar el pecho hacia afuera lo más que puedas..." suele comentar Phelps a la prensa cuando le preguntan por el secreto de su técnica. Parece como si alguien te dijera la fórmula de la Coca-Cola: azúcar, soda, edulcorante... pero nadie puede imitarla.

Me quedo con las confesones de Phelps en 'No limits', el libro que escribió sobre su hazaña en Pekín 2008, nada menos que con ocho doradas. Allí repasa sus odisea de garra, talento y perseverancia. También de supervivencia por el sufrimientos tras la separación de sus padres. A los 15 años, estuvo en Sydney 2000. Entonces anunció que una nueva estrella había nacido. Fue protagonista de la final de los 200m mariposa. Terminó quinto con notables 50 metros finales, en su debut olímpico universal.

Tímido, introvertido, huidizo, pero volcán de fuego en el agua. Si creías que en Londres 2012 el aura de Phelps se había apagado, no te fíes de los más grandes. Allí están Nadal y Maradona, por citar otros ejemplos, resucitados para dar batalla una vez y otra más a lo largo de sus carreras. Michael Phelps ha vuelto en Río de Janeiro para despedirse. Nada tiene que ver su imagen de hoy a aquella borroneada de hace dos años en una comisaría, cuando esperaba, ebrio, a que lo dejasen marcharse a casa. Ese ha sido el paréntesis de su vida que confirma que es mortal.

Ahora, a los 31 años, ha vuelto a tener la sonrisa de aquel niño que buscaba en la natación descargar energía para combatir su hiperactividad. Es verdad, no hay límites, 'Tiburón', aunque el calendario diga que solo quedan algunas funciones más en estos, tus quintos y últimos Juegos Olímpicos.

Restan la clasificaciòn de los 200m combinados y las semifinales (este miércoles); la final de esta prueba y la clasificación de los 100m. mariposa (este jueves) y la final de 100 mariposa, el viernes. Allí Phelps tocará la pared de la piscina por última vez en un Juego Olímpico. Primero, segundo... u octavo, vaya uno a saber. Pero viviendo de Phelps, no hay casi margen de error. Bajen el volumen de la tele, el show debe continuar.
TODOS LOS OROS DE MICHAEL PHELPS

Atenas 2004:

100m Mariposa

200m Mariposa

200m Estilos

400m Estilos

4×200 Libre

4×100 Estilos

Beijing 2008:

100m Mariposa

200m Mariposa

200m Estilos

400m Estilos

200m Libre

4×100 Libre

4×200 Libre

4×100 Estilos

Londres 2012:

100m Mariposa

200m Estilos

4×100 Estilos

4×200 Libre

Río 2016:

4×100 Libre

200m Mariposa

4x200 Libre

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