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lunes, 7 de diciembre de 2015

Avanza la estrategia imperial en Venezuela

La derrota del chavismo plantea con mayor nitidez la tendencia predominante en América Latina y los desafíos de los movimientos populares para enfrentarla.

Las elecciones legislativas en Venezuela tienen un significado continental. Las fuerzas se configuraron para esa gran conflagración: de un lado referentes neoliberales de toda América, encabezados por el nuevo presidente argentino Mauricio Macri y por ex presidentes como Andres Pastrana (Colombia), Jorge “Tuto” Quiroga (Bolivia) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay); del otro lado, representantes de los gobiernos populares y progresistas del continente, así como movimientos populares inspirados en el ALBA. Los distintos sectores tienen conciencia del impacto continental y por eso buscaron apoyarse en los respectivos campos.

Con los datos conocidos hasta el cierre de esta nota, hoy la tendencia política predominante en el continente es de recomposición de la derecha, lo que se expresó en la derrota contundente del chavismo.

La política del imperialismo

La victoria de la oposición venezolana es en verdad un triunfo del imperialismo norteamericano, quizás el más grande desde la crisis de la hegemonía neoliberal, quince años atrás. Pero sus ambiciones son mucho mayores.

En abril del próximo año se cumplirá la mitad del mandato presidencial de Nicolás Maduro y -según las pautas constitucionales- la oposición podrá reclamar la realización de un referéndum revocatorio. Por esa razón, desde este mismo momento la Casa Blanca comenzará a trabajar para terminar con la Revolución Bolivariana, lo que lejos de aplacar los ataques contra el pueblo venezolano -especialmente la guerra económica y la política de baja del precio internacional del petróleo-, preanuncia su agravamiento.

La política exterior de los Estados Unidos apunta a terminar con la excepción que es América Latina desde inicios del siglo XXI: la región del mundo que tuvo la osadía de cuestionar el capitalismo y el imperialismo. Para eso buscará aislar a los países integrantes del ALBA, avanzar en los acuerdos de libre comercio y en el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico, erosionar la influencia china y rusa en nuestro continente, presionar al gobierno brasileño para que continúe orientando su política hacia la derecha o incluso intentar removerlo.

La derrota de la Revolución Bolivariana es un objetivo clave de esta política. Un triunfo bolivariano en las elecciones hubiera significado un freno a esta estrategia del imperio. Por el contrario, los resultados logrados por la oposición la fortalecieron, tanto como a las derechas locales de cada país que la llevan adelante.

Y a todo esto se le sumará como un momento fundamental el resultado del plebiscito que se dará en Bolivia el 21 de febrero de 2016 para establecer la posibilidad de que Evo Morales pueda presentarse a una nueva reelección en la presidencia de Bolivia.

Resistir la tendencia

La política contiene una dimensión de apertura que depende entre otros factores de la lucha popular. Es decir que el futuro no está escrito, es necesario distinguir entre la existencia de una tendencia y su concreción efectiva.

A diferencia de la etapa neoliberal de los años 90, cuando las organizaciones populares estaban fuertemente debilitadas y en varios países se habían dado derrotas determinantes de la clase trabajadora, en la actualidad el avance de la derecha se da en un contexto de mayor fortaleza de la organización popular, después de un ciclo de avances y retrocesos sociales pero que de todas maneras en términos generales fue de acumulación.

En este sentido, a lo largo de los años, el chavismo consiguió construir un gran nivel de organización, movilización y conciencia popular. Por eso aún a pesar del impacto de la guerra económica, de las campañas mediáticas internacionales y sus propias falencias de gestión, continúa presentando reservas suficientes para dar la pelea.

Será una pelea conjunta de todos los pueblos de nuestro continente, que exige a los movimientos populares la capacidad de nuevos pisos de articulación a nivel continental para estar a la altura del desafío planteado y aportar a la construcción de proyectos políticos integrales capaces de dar una pelea en todos los terrenos.

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